FEDERICO ARREOLA@FedericoArreola

No pocos tuiteros de izquierda, como siempre enojados por la mala suerte que han tenido en la vida, la noche de este martes 5 de febrero se pusieron como locos en mi contra. Repitiendo muchas veces el lema #ArreolaVeteDeTwitter (hasta TT lo hicieron durante unos minutos) me insultaron por una única razón: no dedicarme, como ellos, a insultar a Enrique Peña Nieto y a su equipo de colaboradores (Videgaray, Murillo Karam, etcétera) en las redes sociales.

Lógica de maleantes: como no ofendo, me ofenden. Y, así son ellos, como no digo en la mencionada red social de internet lo que ellos quieren escuchar, piden que se me censure. La izquierda sembradora de odio no tolera la libertad de expresión de aquellos que, como yo, piensan distinto.

En nada ayudan a Andrés Manuel López Obrador las actitudes francamente fascistas de algunos de sus seguidores. Sigo pensando que Andrés es un gran líder y que hará de Morena, como él lo ha prometido, un referente moral en la política mexicana. Pero cuánto lo dañan sus simpatizantes infectados de resentimiento, los acomplejados que ni siquiera son capaces de aceptar unas simples vacaciones del presidente de la República.

Voy a confesar algo. Nunca he aportado ni un solo recurso a ningún partido. Como mexicano podría hacerlo, tengo ese derecho. Pero no se me ha dado la gana entregar ni un solo centavo al PRD, al PRI o al PAN. Desde que Morena nació he sentido la necesidad de hacerlo.

Sé que en el equipo de AMLO no abundan los recursos y quiero aportar. Estoy en eso. He hablado con Martí Batres y él me ha informado la forma legal para hacerlo. A otras personas que sé que alguna vez creyeron en Andrés Manuel les he pedido que lo hagan también. Porque la causa del líder tabasqueño, aunque no esté de acuerdo con muchas de las cosas que él hace, sin duda vale la pena. Hay honestidad en Morena y eso es lo importante.

Pero los pejistas, los pejistas. Cuánto fanatismo. No soportan que yo diga que Peña Nieto ha gobernado bien. Se indignan si creo en la versión dada por Murillo Karam acerca de la tragedia de la Torre de Pemex. Han querido golpearme en la calle, lo juro, por haber dicho que Videgaray, el secretario de Hacienda, tiene capacidad para hacer que México crezca mucho más. He recibido amenazas por estar de acuerdo con la reforma energética.

Eso es lo que pienso ahora. No veo en qué se esté equivocando el gobierno de Peña Nieto ni he visto nada parecido a la corrupción ni, tampoco, he observado actitudes de autoritarismo. Si las cosas cambian, es decir, cuando el gobierno tome un rumbo en mi opinión equivocado, lo diré con las mismas ganas que hoy expreso que Peña Nieto ha empezado sorprendentemente bien.

No se han resuelto los terribles problemas de la inseguridad (no es poca cosa la violencia heredada de Calderón), pero la política ha mejorado. Ha habido una reforma relevante, la educativa, y hay acuerdos entre el gobierno y la oposición. Pero no he dejado de lamentar que en el Pacto por México no participe el principal líder opositor, López Obrador.

Problemas hay, pero las soluciones existen y veo a Peña Nieto decidido a encontrarlas. Carajo, eso es lo que la izquierda dogmática no quiere que yo exprese, no en Twitter.

No me molesta que hagan campañas en mi contra; todo lo contrario, me agrada. Siento que, fuera de los medios tradicionales, es posible tener una mínima relevancia. Pero, más allá de la satisfacción que eso me produce, me deprime ver a tantos enfermos de odio. Demasiados. Ojalá nunca lleven sus rencores más allá de las redes sociales. Ojalá su violencia se quede solo en el ciberespacio.