La finalidad de las redes sociales debe ser aportar, compartir temas y propuestas en lo que sea y no solo desahogar  ocurrencias  “por convivir”.

Cuando el  dramaturgo y poeta español del Siglo de Oro Félix Lope de Vega y Carpio escribió, por allá del año de 1615, la comedia llamada “El Perro del Hortelano”, dentro de una serie de textos y obras de teatro, seguramente no maginó que degeneraría (si se me permite el epíteto) en una parábola mundana gracias al endilgue de la frase “ni come ni deja comer”.

En esta obra, una de las más importantes de las letras españolas, el autor refiere una trama enredosa en la que una dama de sociedad y un caballero de “no sociedad” logran burlar esos detalles socioeconómicos para unirse en feliz matrimonio.

La obra, y la frase cuyo renombre la sacó del marasmo intelectual al entorno popular,  vienen a colación y en referencia a un acontecimiento audaz que tuvo lugar en la ciudad de Pachuca el año que recién concluyó: la llamada “Primera reunión tuitera”, realizada en Pachuca el 17 de diciembre y  cuya organización fue pergeñada y ejecutada por un periodista hidalguense.

Con antecedentes tan simples como la boga y apogeo de las redes sociales y una idea, la “Primera reunión tuitera” significó simplemente una unión de amigos que derivó en actividades desde académicas, como las conferencias de tres especialistas en el tema de redes sociales, hasta altruistas, con la entrega de juguetes y ropa en comunidades de Hidalgo.

Durante el proceso de planeación de este acto, se incluyeron las conferencias magistrales del periodista Federico Arreola y del titular de la Unidad de Innovación Gubernamental, Hermilo Bravo, con “La importancia de las Redes Sociales en la Administración Pública” y de Alejandro Ávila, perito en informática de la PGR, con la conferencia “Los riesgos en el Twitter, delitos que más se cometen”.

En el acto,  se desarrollaron mesas de trabajo, en las que los asistentes discutieron temas sobre “Los riesgos de ser tuitero”; “Anonimato o popularidad”; “Código de ética: propuesta de un decálogo”; “Tuit con causa: las organizaciones civiles en la red” y “La guerra de redes: Twitter vs. Facebook”.

El acceso al evento fue  gratuito únicamente se solicita una prenda abrigadora, cobija o juguete en buen estado, los cuales fueron  entregados a los habitantes de Yahualica, luego del derrumbe provocado por las lluvias en la zona de la Huasteca.

Asistieron periodistas  provenientes de Tlaxcala, Puebla, Veracruz, Estado de México, Monterrey, Nuevo León, Distrito Federal y Puebla, además de que  las conclusiones de las mesas de trabajo se transmitieron en vivo, a través de una twitcam.

En suma, fue un evento exitoso en cuyo proceso de planeación se vio acometido, o, para usar la jerga tuitera, “trolleado” por usuarios de la red (la mayoría de ellos con ínfima cantidad de “seguidores”) bajo el argumento, peregrino argumento, de que “no era la primera”, o que “tuitear noticias no te hace experto en redes” y algunos más por el estilo.

Si bien es cierto que en esta nueva tecnología cada individuo es libre de escribir, publicar y/o tuitear lo que le de la gana, aun si son excelsitudes como “ola ke ase”, o los novedosos lugares comunes (y corrientes) como los “y así”; “bien raro”; “nomás por convivir” y más ridículos (si, más), aderezados por “frases” que son un atraco a la sintaxis y al sentido común,  también lo es que cuando no se participa en el proceso de elaboración de un acto relevante, no se tiene autoridad moral para criticarlo sin argumentos de peso.

Vayamos pues al encuentro de grandes obras de la literatura como El Perro del Hortelano, y su aportación al pópolo,  que ni come ni deja comer, o quizá más allá, y de la máxima obra literaria del idioma español, Don Quijote de la Mancha, extraigamos la frase (inexistente, por cierto) que alguien atribuyó y propaló como dicha por el Ingenioso Hidalgo: “dejad que los perros ladren Sancho, señal de que cabalgamos”.

 

@FHidalgo_V